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La Asociación ARCO-Amigos del Patrimonio de Aguilar de Campoo rinde homenaje a ‘Colín’ en el Primer Encuentro de Música Tradicional

29 Oct 2018
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El próximo sábado, 3 de noviembre, la Asociación ARCO-Amigos del Patrimonio de Aguilar de Campoo, en el marco del 1er Encuentro de Música Tradicional, promueve un homenaje popular a Donato Muñoz ‘Colín’, “en reconocimiento a su prolífica trayectoria como virtuoso instrumentista del rabel, compositor de numerosas letras de canciones y como insigne vecino de Nestar y de Aguilar de Campoo, poblaciones de la Montaña Palentina donde pasó la mayor parte de su vida y donde desarrolló su valiosa labor como creador, conservador y divulgador del folclore tradicional”.

El encuentro comenzará a las 18.30 horas en la Biblioteca Municipal ‘Bernardo del Carpio’, con un homenaje a Donato Muñoz ‘Colín’. Después a las 19.30 horas habrá un ‘Paseo Rabelero’ desde la Biblioteca hasta el Hotel Valentín. Allí, en el Piano-Bar, se procederá a la presentación del CD ‘De oído’ de César Higuera ‘El Chaval de Cobejo’. Para terminar, a partir de las 21.00 horas habrá un ‘Escenario Abierto’, con la actuación de intérpretes como Piripiri Folk, Paraceta Folk, Daniel y Eli, Rabelistas Campurrianos, Alberto Terán, José Antonio Alonso, Rabelistas de la Montaña Palentina y Grupo Alborada.

 

Biografía de Donato Muñoz ‘Colín’

Nace en Valdeprado del Río (Cantabria) el 8 de Febrero de 1919. Hijo de Vicente y Filomena, que además de Donato tuvieron otra hija mayor llamada Cipriana (madre de Alberto Terán Muñoz, afamado rabelista). Su infancia transcurre en Valdeprado del Río donde recibe el apodo de ‘Colín’ por vivir en este municipio en la casa de la “colina”, sobrenombre por el que se le conocería durante toda su vida.

A la edad de trece años empezó a ejercer el oficio de pastor de vacas en Candenosa (pueblo cercano a Valdeprado), trabajo que desempeñó hasta su jubilación.

Casi al mismo tempo empezó a practicar el rabel, aprendiendo de su abuelo y de su padre quien le daba directrices para mejorar en el ejercicio de tañer dicho instrumento. A los pocos años de empezar, y viendo la soltura que ya poseía con el instrumento, quisieron llevarle a la capital cántabra para que se dedicara a la música de manera profesional, quizá con la intención de que tocara algún instrumento más refinado, como el violín. No pudo aceptar el ofrecimiento debido a la precariedad de la época y a que su padre enfermo de cataratas apenas podía trabajar.

A los 19 años la guerra civil llama a su puerta con destino Madrid. Allí desempeñaría la labor de camillero pero no tardó en regresar a Valdeprado ya que la ceguera de su padre se agravó y tuvo que encargarse definitivamente del sostenimiento familiar. Allí transcurre su juventud entre ganado, en el monte y -como no- en la práctica del rabel, tocándolo en fiestas, bodas, “ollas”, cantinas y cualquier lugar donde quisieran amenizar un evento.

En 1947 conoce a Concepción natural de Arcera y vecina de Reocín de los Molinos, que poco después sería su esposa. En 1958, por motivos de trabajo, se traslada junto con su madre, esposa y cinco hijos a la localidad palentina de Nestar muy próxima a Aguilar de Campoo. Allí residiría hasta finales de los 90 y después lo haría en Aguilar de Campoo hasta su muerte en el año 2003.

Fue Nestar la localidad donde se dio a conocer como rabelista, ya que su casa fue un peregrinar continuo de recopiladores de folclore, músicos, investigadores y de todo aquel que quisiera acercarse a escuchar el sonido del rabel.

Su particular estilo al rabel residía en una brillante ejecución del instrumento, asociado a su característica voz y las letras de las coplas que interpretaba, siempre con tono humorístico y pícaro. Entre los temas de sus ‘rabeladas’ podríamos destacar las relaciones entre los ‘mozos y las mozas’, las ‘suegras’ como blanco habitual de sus cantares en los que nunca acababan bien paradas, ‘el clero’ que no corría mejor suerte que las anteriormente citadas y el ‘tema sexual’, presente en la mayoría de sus canciones, en ocasiones utilizando la ironía y en otros momentos de manera más explícita. Además de sus coplas también intercalaba chistes y chascarrillos entre una y otra, para aumentar más si se podía la risa y carcajada de quien le escuchaba. Era por lo tanto Donato sinónimo de chispa, picardía y buen humor interpretando su rabel.

Cabe destacar que además del rabel ejecutaba la pandereta, las tapas de cacerolas y las cucharas también acompañadas de la voz. Al final de su vida fue homenajeado en diferentes lugares de Cantabria como divulgador de dicho instrumento. Su legado fue recogido por su sobrino Alberto Terán Muñoz, excelente rabelista y presidente durante muchos años de la Asociación de Rabelistas Campurrianos, asociación cultural dedicada a preservar, investigar y fomentar el rabel como instrumento de música tradicional.

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